3 de septiembre de 2026
¿Tu obra ya entrenó una IA sin que lo sepas?
Publicaste una foto en 2019. Hoy puede estar dentro de una IA, sin que lo sepas, y sin haber cobrado un peso por eso.
Suena paranoico. No lo es. Y es un problema que en Argentina todavía nadie se animó a resolver.
Vengo siguiendo de cerca cómo distintos países están lidiando con una pregunta que parece técnica pero es puramente de propiedad intelectual: cuando un modelo de IA "aprende" leyendo millones de textos, fotos o canciones protegidas por derecho de autor, ¿está copiando o está simplemente inspirándose, como haría cualquier persona que lee mucho y después escribe distinto?
La respuesta cambia según el país, y ahí está lo que más me llama la atención del tema.
Un tribunal europeo le frenó a una empresa de IA el argumento de que "solo procesa patrones matemáticos": si lo que sale del sistema se parece demasiado a una canción protegida que entró como insumo, para ese juez hay copia, y da lo mismo si estaba disponible gratis en internet — estar publicado no es lo mismo que estar autorizado.
Del otro lado del mundo, la lógica fue distinta: un juez consideró que entrenar con material protegido puede estar permitido si el resultado es lo suficientemente transformador y no le compite al original. Ahora, ese mismo razonamiento no salvó a la empresa de una condena histórica: terminó pagando la indemnización por derechos de autor más alta jamás vista en Estados Unidos, no por entrenar, sino por cómo había juntado el material — apropiándose de libros que nunca compró ni tuvo autorización para usar.
Dos países, dos criterios completamente distintos para el mismo dilema. Y ojo: ninguno de los dos le da al autor una herramienta simple para saber si su obra específica fue usada. Esa es la parte que menos se discute y más me preocupa como abogada de PI: aunque existiera la ley perfecta, hoy es prácticamente imposible auditar qué hay "adentro" de un modelo entrenado.
Trasladado a Argentina, el panorama es más simple de describir porque directamente no existe: la Ley 11.723 le reconoce al autor el derecho exclusivo sobre su obra, pero fue redactada para un mundo de libros, discos y películas, no para sistemas que procesan millones de obras como insumo estadístico. No hay norma, no hay criterio judicial, no hay nada todavía.
Esto le pega directo a mucha más gente de la que parece: fotógrafos, diseñadores, escritores, agencias de contenido, marcas con catálogos propios. Si publicás tu trabajo online, hoy no tenés forma de saber ni de impedir que alimente un modelo de IA. Y si usás IA para producir contenido para tu marca, tampoco tenés forma de saber con qué se entrenó esa herramienta ni qué riesgo estás heredando vos.
Mi postura: no vamos a resolver esto estirando una ley pensada para el papel y el vinilo hasta que le entre un algoritmo por la fuerza. Argentina necesita una discusión propia sobre esto, y cuanto antes la demos, menos nos va a terminar imponiendo la respuesta algún tribunal extranjero o alguna empresa de tecnología.